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...::: Pulp Scifi III :::...

Aqui va la continuación de la serie. Espero que os guste. He atendido todas vuestras críticas.



No podemos decir que Haruna se sintiese del todo a disgusto con su nueva indumentaria; aún así el viaje de vuelta a la ciudad transcurrió en un silencio violento. La cuestión era que ella había negado irse de Cfhkl sin arreglar su contrato con Ganiff; aquí entraba la cuestión de que Eridanix podía perfectamente hacerse cargo de su prurito profesional, al ser él mismo un fanático de ese tipo de cumplimientos y de hacer honor a la palabra dada.

Tener el vehículo terrestre más veloz del planeta hizo que llegasen rápidamente a su destino, de forma que la situación a bordo no degeneró como podría haberlo hecho de ser más largo el desplazamiento. Esto es, la IA se limitó a quedarse callada entendiendo que los pasajeros no estaban para discursos, habida cuenta de las parcas contestaciones que le prodigaron.

-Que ciudad más fea- dijo Haruna, bajando del coche.
-Eres tu la que vive aquí- contesto Eridanix, en tono neutro.
-Aún así es fea.
Caminaron hacia el edificio adyacente al local de Ganiff, ambas construcciones gigantescas como estadios.
-Aquí es. Compórtate, Ganiff es un hombre de negocios, y además es poderoso; no creas que vaya por el mundo desprotegido.
-Tranquila, yo siempre me comporto, excepto cuando no lo hago.
Haruna no pudo evitar sonreír con franqueza.

La entrada a este tipo de locales suele estar plagada de gorilas, y los de Ganiff tenían pinta de haber sido la peor y más profundamente rufianesca escoria del universo, y lo que es peor, de seguir siéndolo, salvo por el detalle de que su señor les había comprado los trajes mas caros que se podían encontrar en aquella parte de la galaxia.
Eridanix pasó por al lado de ellos como si fuese el señor del lugar, precedido de Haruna. Cogieron los elevadores y se plantaron de rondón en la oficina del mercader del espectáculo: el singular Ganiff, un hombre honrado en un planeta de piratas y hampones.

Éste les miró con cara de póker.
-Nunca me habías traído un novio ¿Debo celebrar esta muestra de confianza?- dijo Ganiff cauteloso, mirándolos con ojillos calculadores.
-¿No me dices nada del vestido?-contestó Haruna.
-Nunca te había visto tan bella, oh princesa.
-Pues este individuo aquí presente no es mi novio, ni nada que se le asemeje, Ganiff. Es un puto cazarrecompensas, de esos que creen en la legalidad inalterable de los contratos. Así que para comportarnos contigo hemos venido a rescindir el mío ¿Qué te parece?
-Ah, un cazarrecompensas. Hacía mucho que no veía uno. ¿Cómo va el negocio, señor Eridanix?
-Ah, vaya, lo conoces-dijo Haruna con fastidio.
-Por supuesto, está buscado en más de un centenar de sistemas; nadie que se mueva en el mundo de los hampones deja de conocer a tal clase de criminal. Ya sabes, una alimaña enseguida reconoce a otra.
-¿Mis negocios? Viento en popa, como puede ver.
-Antes te dedicabas a cazar maleantes y ahora cazas princesas. No puedo negar que tu carrera está en una curva ascendente. Para ser un niñato, no está mal.
-¿Un niñato?-espetó Haruna.
-Un absoluto niñato, lo que le pasa a este niñato es que es muy profesional y cumplidor, y eso le ha hecho ganar puestos entre las listas de criminales mas buscados de varios sectores; si te das cuenta, si le miras fijamente, verás algo inaudito. En Mivrein no estáis acostumbrados a las artes del engaño como lo están estas gentes de la Expansión. Porque para tu información, Eridanix Von Rautenau es un agente de la Federación. Allí no tienen escrúpulos en contratar a criminales buscados por la ley. Pero míralo detenidamente, y verás algo que no has visto antes.
Haruna se volvió hacia Eridanix y lo miró fijamente. Al principio no vio nada, pero poco a poco fue distinguiendo algo extraño, algo que no podía explicar; como si lo que tuviese delante no fuese real. En la imagen de Eridanix había algo que era demasiado arquetípico, sí, era eso; daba la perfecta imagen de un cazarrecompensas veterano, pero la daba demasiado perfectamente. ¿Tenían los cazarrecompensas una imagen que fuese tan idónea para su trabajo? Él cumplía con todos los requisitos, y entonces, en ese momento descubrió que la imagen de Eridanix a veces parpadeaba y mostraba durante unos instantes algo diferente, mostraba una realidad que estaba allí, escondida bajo una realidad creíble y coherente, como un caparazón de una tortuga centenaria. Pero durante microsegundos la realidad concomitante y oculta se mostraba.
-Quítate ese escudo de camuflaje, Eridanix, y haré tratos contigo-dijo al fin Ganiff.
-¿Estoy obligado?
-¿Crees que puedes con todos mis agentes de seguridad?
-¿Sinceramente? Sí.
-Desgraciadamente, yo también lo creo. Pero te pido que seas cortés en los negocios. En Gran Arabia no discutimos tratos con embozados.
-Esta bien, esta bien.
Haruna contempló como la imagen de Eridanix iba desapareciendo y la realidad, quizás una realidad menos real que la que les había mostrado mediante el engaño, se hacia evidente como el sol del amanecer. Primero poco a poco, y luego rápidamente ante ella quedó expuesto un chico que debía rondar los 23 años aparentemente, de rasgos delicados, cabello negro cortado con media melena, el pelo negro y las facciones semiorientales; parecía un aprendiz, un recluta inocente. Por otra parte las ropas seguían siendo las mismas antiguallas desgastadas. Haruna pensó que habría preferido no ver una realidad que era tan sólo accidental.
-Eridanix- dijo Ganiff- , ahora exponme tus condiciones.
-Yo te pago, y tú liberas de su contrato a Haruna.
-¿Así de simple? No vas a tratar de llevártela, por lo que veo, desapareciendo en la noche. Eso me gusta. ¿Has estado alguna vez en Gran Arabia? Allí respetamos a la gente como tu.
-Por suerte o por desgracia, Ganiff, yo no he podido entrar en Gran Arabia desde que os independizasteis de la Federación y formasteis vuestro propio estado de la Expansión.
-Serán 10 millones de créditos federales. Es el equivalente a las ganancias que habría obtenido, redondeando, con la asistencia de esta dama en mi local.
-Así sea.
Eridanix habló un momento por un pequeño micrófono que llevaba incorporado y un sonido surgió de la Terminal de Ganiff.
-El ingreso esta hecho. La Corona de Mivrein había dispuesto fondos ilimitados para esta transacción.
Ganiff miró la pantalla y entonces sonrió a Eridanix.
- Me gustas. Es una pena que seas un federal. En Gran Arabia las personas como tú prosperan.
- Espero poder visitar algún día ese Estado. Pero las heridas de la batalla de ColoniaVieja siguen abiertas, por desgracia.
- Por desgracia, así es... ¿Participaste en esa batalla?
- Sí, era teniente de uno de los pelotones de asalto.
- No os dimos tiempo a asaltar nada.
- Cierto, fue una victoria completa por vuestra parte. Mi astronave, la ‘Santa Cruz’, se retiró enseguida a la segunda línea, viendo que seria imposible un abordaje. Desde allí vimos como deshacíais a nuestra avanzada de Destructores.
- Yo también estuve allí. Era el comandante de ‘La Alquibla’.
- Ese súper destructor nos hizo mucho daño.
- Espero que no estéis resentidos.
- No, la guerra es la guerra; no hay lugar para rencores. Ahora estamos en paz.
- Así me gusta- Ganiff se levantó e hizo una leve reverencia a Eridanix, que este le devolvió-: ahora ios y que Alá os acompañe y os dé sabiduría.

En cuanto salieron de la oficina, Haruna notó como el campo de camuflaje subía otra vez, imponiendo una realidad mas real que la realidad, y por un momento, se sintió enormemente confusa.



Por supuesto las críticas siguen siendo bienvenidas. Me ayudan a mejorar la novela. Un saludo.
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