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EL CUENTO INACABADO

Había una vez un cuento, que tenía muchas páginas. Algunas estaban escritas y otras no, porque el cuento estaba inacabado. En una casa, en el borde del cuento, vivía una muñequita. Cogía letras que crecían en los árboles del bosque del cuento inacabado, y con ellas se construía muebles y juguetes, para pasar el tiempo. Con ella se construyó una caja de cristal para guardar su corazón, que ya estaba bastante gastado y lleno de alfileres.

Esperando y esperando, un día la muñequita, que se aburría, cogió un libro de la estantería y se puso a leerlo. Y en el libro ponía:

Había una vez un cuento, que tenía muchas páginas. Algunas estaban escritas y otras no, porque el cuento estaba inacabado. En una casa, en el borde del cuento, vivía una muñequita. Cogía letras que crecían en los árboles del bosque del cuento inacabado, y con ellas se construía muebles y juguetes, para pasar el tiempo. Con ella se construyó una caja de cristal para guardar su corazón, que ya estaba bastante gastado y lleno de alfileres.

Un día la muñequita, decidió salir a investigar el exterior y se encontró con una persona. Esa persona estaba muy triste, y muñequita le quiso ayudar.

- Por qué lloras? - Preguntó la muñequita.
- Porque he perdido mi corazón


Mientras leía, la muñequita acariciaba su caja de cristal, porque sabía muy bien lo que era perder su corazón y le dió lástima. Así que juntó letras para crear un nuevo corazón, y lo metió en el libro.

La muñequita encontró un corazón y pensó que se lo podría dar a la persona que estaba llorando.

- Toma -le dijo-, he encontrado un corazón. No es el tuyo, pero seguro que te sirve hasta que encuentres el que has perdido.

La persona que lloraba lo cogió, y le agradeció a muñequita el gesto, intentando sonreír.

Muñequita volvió al cuento, para asegurarse de que su corazón seguía en un su caja, y se echó a dormir.


Muñequita cerró el libro y siguió esperando, pues deseaba que su cuento fuese acabado, así que decidió salir del cuento para explorar. Allí se encontró con el escritor, que estaba llorando.

- ¿Por qué lloras? -preguntó muñequita.
- Porque he perdido la inspiración, y ahora dejaré el cuento inacabado. Y lloro porque, como parte de mí que eres, me gustaría que tuvieras un final.

Muñequita volvió al cuento y cogió unas cuantas letras para hacer la palabra "inspiración", pero nada ocurrió. Así que salió en busca de esa inspiración, a ver si la encontraba para su escritor. Pero mirase donde mirase, no encontraba ninguna, y los pocos que tenían una no la querían compartir. Así que, cuando volvió al cuento, pensó en regalar al escritor lo único que tenía suyo que era real, que era su corazón. Lo sacó de la caja, y se fué hasta el borde del cuento, estirando las manos. El escritor vió lo que le tendía y lo cogió, con tan mala suerte que se le resbaló de las manos, haciendo que uno de los alfileres se clavase profundamente. Al hacerlo, el pecho de trapo de la muñequita se abrió, y empezó a sangrar. Muñequita se acurrucó en una esquina de la casa mientras la sangre resbalaba tela abajo, notando como su vida irreal se escapaba de ella. Y murió.

Un día, muñequita se cansó de esperar a que su escritor finalizase el cuento, y decidió salir a ver si lo encontraba. Pero al salir del cuento se encontró en una casa como la suya, con muñequita acurrucada en una esquina sin un solo hálito de vida. Triste, fué a ver al escritor.

- ¿Por qué has matado a quién te ha dado su corazón? -preguntó muñequita.
- Fué sin querer, ella me lo dió para que acabase su cuento, pero se me resbaló de las manos y se clavó uno de los alfileres.

Muñequita miró al escritor y vió que estaba realmente triste.

- ¿Quieres que te busque otro corazón para que puedas acabar el cuento? -le preguntó
- No -dijo el escritor-, si no he podido cuidar a uno, prefiero no tener en mis manos otro que pueda romper.

Pero muñequita, que era muy terca, volvió a su cuento y cogió el corazón que tenía guardado en una caja y se lo tendió al escritor.

- ¿Por qué me lo das? -dijo el escritor- Sabes que es lo único real que tienes y que, sin querer, puedo romperlo y tu también morirás?
- Eso es cierto -dijo la muñequita-, si no te doy mi corazón para que acabes el cuento, quizás viviré más, pero sería una vida aburrida sin un final y siempre me preguntaré qué habría pasado si te lo hubiese dado.
- Pero yo no lo podré cuidar bien. Está muy gastado y lleno de agujas, y con un simple descuido podría hacer que cualquiera se clavase profundamente.
- En ese caso -repuso la muñequita- guárdalo en su caja. Y haremos un trato. Yo me sentaré en mi casa de tela y esperaré, y si vuelve la inspiración para seguir escribiendo el cuento, podrás sacarlo de la caja.
- De acuerdo -dijo el escritor- si eso llega a pasar, te daré yo el mío para que escribamos el final entre los dos, así estaremos en paz.

Y muñequita volvió a su cuento, y se sentó a esperar.


Muñequita estaba muerta, pero sonreía, porque sabía que su corazón había hecho reír a alguien que estaba llorando y porque, en el fondo, le había gustado vivir en el cuento y recoger letras de los árboles.
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